No podía acostumbrarme a ver la calle Berenguer el Viejo vacía, sin gente, en silencio. Hacía pocos días, habían aparecido un montón de camionetas de los “grises” y de urbanos y desalojaron a toda la gente, que no era poca, y a partir de aquel día ya no he visto más los pequeños tenderetes [...]







